sábado, 7 de agosto de 2010

MI NUEVA VIDA



Ayer viernes me acerqué a mi nueva empresa “EL INEM”. Como de un tiempo a esta parte la zona donde se encuentra se ha vuelto un poco insegura decidí no ir demasiado pronto para más seguridad. No obstante estaba allí a la hora de apertura, las 09.00 de la mañana.

Según me iba acercando a las oficinas observé que la gente que iba en mi misma dirección aceleraba el paso, como si de una competición de marcha se tratara. Cuando llegué comprendí el porqué. Aunque habían abierto las puertas había una cola enorme. Me puse detrás del último y le pregunte de forma un poco dubitativa: “Por favor aquí es para… No terminé la frase cuando me contestó: “esta cola es para sellar”.  “Ah gracias pues entonces no es aquí”.

Pasé dentro de la oficina y vi que había infinidad de carteles con indicaciones. Vi a un guardia de seguridad y me dirigí hacia él. Los carteles estaban muy bien explicados pero como yo no sabía exactamente donde iba preferí preguntar. La sorpresa fue que para preguntar al de seguridad también había unas cuantas personas delante. Muy amable me indicó que fuera al dispensador de números que estaba un poco más adelante.

Me acerqué al dispensador y había un señor pulsando botones y entonces me dí cuenta de que también había que guardar la fila para coger número, cuando me tocó me dio un número A0061. Me indicó que fuera a la sala de espera que estaba a la derecha.

La sala de espera que estaba abarrotada de gente, con todos los asientos ocupados y gente de pie como un vagón de metro por las mañanas, era…… un micro universo.

Había gente de toda clase y condición, y de distintas nacionalidades, además de españoles, había sudamericanos, dominicanos, algún cubano me pareció por el acento, magrebíes, africanos, chinos, de países del este, etc.

Estuve un buen rato  mirando las pantallas en las que veía que salían números de la letra B, C, pero ninguno de la A, no sabía porque número iba, ya que no lo marcaba en ningún sitio.
Alguien se levantó y fui corriendo a sentarme, no sé cuánto tiempo llevaba allí ya, se me estaba haciendo eterno. Seguía sin salir ninguna A, me volví a la persona de mi derecha para preguntar: “Por favor, hay otra sala de espera?  “No, porqué”; “Es que como veo que no sale ninguna A”, la persona de mi izquierda, un magrebí, me dijo:”No solo esta, yo también tengo A” y me enseño su número que era el 25. Justo en ese momento salto en la pantalla una letra A, el número 14. “Ves, ves, me dijo el magrebí, una A” Si lo sé pregunto antes dije yo y nos reímos.

Me dispuse a esperar y a observar a la gente de mí alrededor. Había una pareja de dominicanos con un bebe, una señora ya de cierta edad, menor de 65 supongo porque si no estaría jubilada, una chica joven leyendo, un sudamericano apoyado contra la pared durmiendo, un chaval joven jugando con el móvil. Otros, la inmensa mayoría, con cascos y delante de mi había una chica, que debía de ser dominicana, a la que los dos hombres que tenia a los lados, uno que claramente se veía que era un obrero y el otro un poco mas arreglado, pero que los dos querían ganarse la atención de la chica. Había gente que se movía como pez en el agua, llevaba números de varias letras y según avanzaba iban cambiando con la gente, para que les diera tiempo y no perder el turno y me acordé de Lola que me había contado algo parecido  el día anterior cuando fue ella, me dijo: ….me he sentido tan fuera de sitio... y sin embargo, soy una más. Y fue en ese momento cuando me dieron ganas de llorar. Cogí el móvil y entre en Facebook en la plataforma en la que nos reunimos los compañeros y lo conté, rápidamente llegaron muestras de apoyo. ¡¡Que gran idea fue la de crear la plataforma!!

Finalmente cuatro horas y cuarto después llegó mi turno. La persona que me atendió fue muy amable, incluso al sentarme me dijo ¿Qué tal, como estas? Y me ayudó bastante. Me dio los impresos para rellenar y solicitar la prestación a partir del día 19 de Agosto, ya que ahora y esto es lo gracioso: ¡¡Estoy de vacaciones!! Me dijo, “ahora coges número en ese dispensador de ahí, de la letra A para inscribirte como demandante de empleo, bah en eso tardas poco”.

Cogí el número como me dijo y era el A0163. Dios mío. Pasé a la salita de espera que estaba bastante más despejada que la otra, iban por el 110. Mi temor era que diesen las dos de la tarde y me tuviera que ir sin haber hecho nada, porque había un cartel en la entrada que decía que a las dos, cerraban y si no te habían atendido tendrías que volver al día siguiente. Eran las dos casi menos cinco, cuando me llamaron ¡¡Gracias a Dios!! Me había librado. Me empezaron a hacer preguntas algunas un poco tontas y con otras me quedé en blanco y me sentí tonta, pero tonta de remate.

Salí a las dos y cuarto y me tuvo que abrir el vigilante porque habían cerrado las puertas lógicamente. Al salir a la calle, no sé porqué me acordé de la película de Javier Barden “LOS LUNES AL SOL” y me dije: “Mira ya eres un parado mas” y llamé a mi madre para decirle que ya iba para casa, que estuviera tranquila. Mi primer día de trabajo había terminado porque después de tantas horas parecía casi una jornada laboral.